«La mujer que teme al Señor es digna de alabanza», dice el libro de Proverbios. Como mujeres tenemos la responsabilidad de amar y servir a Dios desde el lugar que fuimos llamadas a hacerlo. Si nuestra vida es cristalina y traslúcida, se transformará en un espejo donde nuestra familia podrá mirar y hallar en nosotros la guía del Espíritu Santo.