Además, como grupo de testigos de Cristo, estamos empezando a aprender que los ríos de vida para el mundo no fluyen en plenitud a través de un solo hombre, sino a través del cuerpo, el equipo. Nuestro quebrantamiento y apertura deben ser recíprocos, tanto horizontal como verticalmente, unos con otros como con Dios. Apenas estamos empezando a experimentar en nuestras propias filas que el trabajo en equipo en el Espíritu es una de las claves del avivamiento, y que debemos aprender y practicar las leyes de una comunión viva.