Vivimos en un tiempo y un espacio en la historia de occidente en que, cada vez más, se piensa que la humildad es un signo de debilidad; cuando la mansedumbre se considera un vicio, no una virtud; cuando el bombo y platillo es más importante que la esencia. 2 de Corintios 10:13 habla con un extraño poder y pasión a esos cristianos que anhelan comprender esos males y arrepentirse de ellos.