«Jugar sucio» es una forma «educada» de identificar la conducta deplorable de aquellos que en el juego actúan sin la debida observancia de sus reglas y leyes que, en principio, se han comprometido a respetar. Quien se acostumbra a jugar sucio lo hace movido por el afán de sacar partido de las cosas, en beneficio propio, engañando a los demás. Pero, a la larga, la costumbre se hace tan habitual que él mismo acaba dando crédito a sus propias mentiras.