En cierta ocasión, se le preguntó al famoso filósofo y estadista indio Mahatma Gandhi por qué no se unía a la Iglesia Cristiana. Su respuesta fue: Bien...pero, a cual? Esta misma pregunta es la que todavía hoy, en los albores del tercer milenio, hace que muchos hombres y mujeres sinceros se mantengan al margen o incluso se alejen de la verdad del Evangelio.