Pasar tiempo con Dios te permite dar generosamente a los demás de la misma forma que su corazón se desborda por tí. Cuando reflejas el carácter de Dios en un mundo que a menudo parece duro, animas a las personas que de otro modo se sentirían olvidadas o sin esperanza. Los actos de bondad despiertan sentimientos de gratitud. Y la gratitud contribuye en gran medida a mejorar nuestra calidad de vida, física, mental y emocionalmente.