Lo que distinguió el trabajo cristológico de B.B. Warfield fue su integración de análisis textual riguroso con convicción teológica. Se acercó al tema como erudito y teólogo que, como Tomás, confiesa “¡Mi Señor y mi Dios!”1 En lugar de tratar la cristología como doctrina abstracta, la fundamentó en el testimonio bíblico mismo, demostrando cómo el lenguaje y las designaciones del Nuevo Testamento para Cristo establecían su identidad divina. Este enfoque—combinando precisión filológica con compromiso confesional—representó una contribución significativa reformada a la teología cristológica durante un período de intensa controversia teológica.