¿Por qué la próspera sociedad que nos rodea parece marchar tan bien sin Dios? Cuando el mundo parece tan rico, tan exitoso, ¿cómo permite él que el cristiano pase por problemas, tentaciones y angustia? ¿Cómo puede hallar el cristiano un asidero en el resbaladizo camino de la duda y la desesperación?