Si los resultados son lo importante, Jeremías ocupa el último lugar de la clasificación. La mayor parte de su vida predicó pidiendo arrepentimiento y prácticamente nadie le hizo caso. Pero Jeremías, el hombre que lo había perdido todo, aprendió la gran lección. Cuando la tierra tiembla y los cimientos de los montes se conmueven, cuando Dios viene como fuego para refinar, no hay donde esconderse. Sólo se puede estar seguro en Dios.