Que cada aliento sea un acto de adoración. La adoración es más que cantar el domingo por la mañana. Si bien eso forma parte de ella, la adoración es la esencia de lo que nos hace verdaderamente humanos. Dios despertó este deseo en nuestros corazones desde el día en que infundió vida por primera vez en Adán y Eva. Desde entonces, todo ser humano que ha caminado sobre este planeta ha participado en esta capacidad —y búsqueda divina— otorgada por Dios. Aunque muchos han desperdiciado este don, hay quienes encuentran una vida maravillosa de comunión con Dios, sin importar el momento ni el lugar.