La vida cristiana es una batalla. Thomas Watson (c. 1620–1686), uno de los predicadores puritanos más claros y elocuentes, desarrolla esta metáfora bíblica con vigor y precisión pastoral. Basándose en Mateo 11:12 —«el reino de los cielos sufre violencia»—, Watson expone las virtudes del soldado espiritual: vigilancia contra el pecado, uso diligente de los medios de gracia, perseverancia en la oración y denuedo ante la tentación.